samedi, juin 26

Simulador de Una
Por Louise Kine

Quiero que seas mío. Quiero que me lleves a pasear y me cojas de la mano. Quiero que me acaricies el pelo y me digas que estoy preciosa. Quiero que compremos muebles y nos vayamos a vivir a algún lugar, tu y yo, sin nadie más. Quiero que me hagas olvidar el pasado y vivamos en el presente. Quiero que me hagas el amor en la cocina, en el baño, en el salón, en la habitación, en la azotea, en el portal, en el ascensor, en la acera, en las tiendas y supermercados, en el trabajo. Quiero que me toques hasta que esté exhausta y te ruegue parar. Quiero que me fotografíes. Que captes en cada instante cada una de las partes de mi cuerpo. Quiero que me inmortalices. Quiero que bebas mi sudor. Quiero que me hagas de comer. Quiero, quiero y quiero. Quiero de todo y más, pero lo quiero contigo. No quiero que nadie me mire, que nadie se me acerque. Quiero entregarme a tu persona, a tí. No quiero que veas a nadie, que mires a nadie. Quiero que nos vayamos lejos y no dejemos nunca de estar juntos. Da igual lo que eso suponga, no me importa. No me importa volverme loca y llegar a beber mi propia orina. No quiero que nadie te mire, que nadie sepa que existes. Eres para mí.
No te conozco pero quiero que seas mío. ¿Cómo hacerlo? Quiero ser exclusivamente tuya. No existen mas piernas, mas brazos, mas pechos, mas vaginas en el mundo. Quiero que me mires y me veas solamente a mí. Una espécie extraña, nunca vista. No hay categorías: mujeres, putas, obsesas. No existen similitudes: no hay mas labios, mas dientes, mas lenguas. No existe nada para tí que no sea yo.
Nunca he amado tanto. Nunca he sentido esta violencia y estas ganas de destrucción. Nunca he querido estrangular, violar y corromper como ahora quiero.
Todo eso es lo que deseo y lo tendré. Lo demás no me importa. Pagaré lo que tenga que pagar. Daré hasta mi último dedo. Lo que sea. Pero tu estarás a mi lado, serás mío y solamente mío.
Adios a la vida de Una. Una Mehrje es para tí.

mercredi, avril 28


Beso perdido
Por Lou Kine

Es algo memorable, algo para recordar. No eternamente, quizás, pero almenos por un tiempo. No cada día uno encuentra a su ot
ro yo. No cada día una se pone un antifaz para ir a una fiesta. En compañía inglesa pasa desapercibida, dejando rastro de perfume y pasos por todas partes. Alguien le tiende la mano.

- ¿Eres tú?
- ¿quién?
- Tú
- Por supuesto que soy yo...quién voy a ser sino yo
- Pero, ¿que clase de yo?
- Un yo extraño, oculto.- ¿Como te llamas?
- Adrien
- Hola Adrien
- Hola...
- ¿Te apetecería un beso?
- Pregúntale a él
-¿Can I kiss her?
- yes...
Y alguien besó mis labios mientras mis párpados apretaban mi cristalino de una forma desgarradora. Un impulso eléctrico hizo temblar mis extremidades, mis L....todo mi cuerpo flojeó. Cuando tuve fuerzas para quitarme el antifaz él había desaparecido.
Le busqué por todas partes, pero no lo encontré.
¿Cómo voy a encontrar unos labios como los suyos?
No sabía como pero lo haría. Por más que preguntara a Thomas como era, obtenía una respuesta negativa. Se limitaba a decirme que no se acordaba, que no se fijó, que ni siquiera estaba seguro de que fuera un hombre. Estuve toda la noche intentando sacarle una única palabra, un único dato que me ayudara a entender como poder encontrarlo.
Recordaba el olor de su respiración, la temperatura de su piel…pero sobre todo sus labios. Sentí tal necesidad de verlo, de contemplarlo y poder abrazarlo que me derrumbé. Esa noche, que debería haber sido divertida, se convirtió en el principio de una larga búsqueda sin fin. Bebí como nunca había bebido. Miraba a todos y cada uno de los chicos que me rodeaban, buscando una mirada cómplicidad y afirmación. Algunos me miraban mientras bebía sentada en la barra. Thomas se hartó de mí y se fue. Me dejo sola y quizás no hubiera debido hacerlo. Me sentí mas sola que nunca. Necesitaba a alguien que no conocía, que no sabía quién era. Quiero tenerlo a mi lado. Quiero tenerte a mi lado.

- ¿Dónde estás?



lundi, avril 26


Correspondencia privada con T
Por Louise Kine

Querido Señor T,

Siento que a veces la moral debería dejar de existir. El bien y el mal no sirven para nada mas que para cohibir la libertad de uno mismo. Los hombres africanos tienen derecho a tener muchas mujeres en sus vidas, pero eso aquí está mal visto, pues nadie lo tiene en cuenta seriamente. Si así fuera muchos estaríamos deseando emigrar hacia áfrica para poder ser amados de forma completa.
¿Por qué estar con alguien implica fidelidad? ¡Yo no dejo de querer a Dan por hacer el amor con usted! Estoy loca por sus huesos y deseo besarle cada vez que lo veo. Cuando lo tengo cerca no puedo evitar estremecerme y temblar de placer. Sus pasos al andar, su acento al hablar...consiguen que aflore algo de mi interior.
Dan, por otro lado, está contento, y yo estoy contenta. Hacemos el amor a diario sin ningún resentimiento. Nunca pienso en usted, ni me gustaría. Dan es un magnífico fornicador. Me pregunto si habrá practicado con alguien más...pero es algo que el niega firmemente.
Es solo que... cuando le veo a usted, cuando leo su nombre en algún lugar, algo se agita en mi interior y me impulsa a intercambiar palabras con usted de una forma incalculablemente abrumadora. Necesito respirar y serenarme antes de escribir p
orque mi cuerpo no responde. A veces incluso lloro cuando sé que usted está en su apartamento haciendo el amor con chicas mediocres porque no puede estar conmigo, y eso es algo que me repugna. Necesito que me dé su opinión sobre el tema y deje de hablarme de amor y demás tonterías de las que ultimamente se dedica a hablarme cuando nos vemos. También quiero pedirle que no vuelva a llamarme vulva, pues resulta una palabra muy ofensiva para las personas que nos rodean en los bares - siempre nos miran cuando la pronuncias -. Podrías hacerlo solo cuando estamos en tu apartamento.
He estado pensando que podríamos hacer un pequeño via
je a alguna parte. Dan se marcha a Buenos Aires este verano y yo no estoy dispuesta a coger una avión para caer al océano.
Espero que leas esto al volver de tu reunión y puedas contestarme antes de mañana.


Besos señor T. Cosquillas.

PD: te dedico esta fotografía. Acabo de tomarla para tí. Estoy rendida.
Per se... bisous...






L.

mardi, avril 6

Tentación
Por Louise Kine

Escribo en Times. Estudio. 21h.

Necesito una ducha. Hoy no tengo tiempo de pararme a escribir. Necesito decir algo y es que la tentación está a la orden del día. Una tentación de esas de las que no puedes desengancharte, que te tienen absorvida, obsesionada. ¿Qué clase de ideas me pasan por la cabeza esta primavera?. Necesito una buena cerveza acompañada de buenas palabras que consigan darme lo que no me da la canción que estoy escuchando. ¡Que buena armonía transmite la dichosa canción! y pensar en el sol, en el parque, el la hierba, en un barco diminuto de juguete, un velero...que me hace feliz. En fin, espero que esta semana de exámenes pase pronto...aunque no quiero perder las horas! Ya dormiremos cuando seamos mayores y el tiempo pase mas lento. De momento...a disfrutar, incluso de la tentación.

dimanche, avril 4

Trayecto de Siracusa a Milano, PART I
Por Louise Kine

Escribo con Baskerville, en el estudio; Abril; '10

El tío de Salavatore nos llevó en coche a la estación de Siracusa hace un año. Recuerdo el trayecto, por una autopista gastada, llena de baches y curvas peligrosas. El viejo seat panda de color azul avanzaba con nosotras dentro a 140 km por hora. Parecía increíble que pudiera alcanzar tal velocidad. Acababamos de comprar unos arancini - una espécie de bombas rellenas de arroz y mozzarella- para el viaje. Las sostenía cuidadosamente sobre mis piernas desnudas. No habían cinturones en la parte trasera del panda, así que Adrien y yo estábamos aterrorizadas imaginando el próximo bache y viéndonos salir volando por el cristal delantero. Nos miramos confundidas hasta que llegamos a la estación. Suspiré, aliviada.

Hacía solo tres días que estábamos en la isla y recuerdo las ganas que teníamos de marcharnos. Aún debíamos quedarnos una semana mas en casa de Salvatore, pero ideamos la escusa perfecta y escapamos a las procesiones, los bares llenos de cabezas rapadas y las noches en el apartamento de la playa. Salvatore solía llevarnos a dormir allí, después de tomar unas cervezas.
Una noche, después de tomar un par de cervezas, o tres, en una terraza al lado del mar, recuerdo que subimos al panda. Salvatore conducía, yo era su copiloto. Estaba un poco bebido, aunque no demasiado. Tenía miedo, pero almenos en el asiento delantero podía abrocharme el cinturón. A medio camino paramos en una gasolinera. Salvatore bajó del coche, Adrien y yo nos miramos, alucinadas, al ver que volvía con un vaso de ron. Me pidió que se lo sosteniera mientras conducía y, de vez en cuando, me pedía que le diera de beber un sorbito, y otro, y otro... Escuchábamos canciones deprimentes, que una emisora de mala muerte estaba emitiendo a esas horas de la noche. Bajé la ventanilla y saqué el brazo para sentir el viento. Me hizo notar la fugacidad de la vida, era uno de esos momentos en los que todo te pasa por la mente y sientes que no mereces estar allí, o aquí, en este mundo. Por un momento me sentí bien, me sentí formar parte de las carreteras que nos rodeaban. Llegamos a la casa del mar y bajé del panda para abrir la verja. Oí como el motor se apagaba. Subimos al apartamento y fingimos estar literalmente muertas de sueño. Después de insistir durante mas de media hora Salvatore se dio por vencido y nos dejó ir a dormir en paz.
Nos metimos en la habitación y nos tumbamos en la cama, mirando al techo. En una de las paredes la virgen María nos obsevaba con aire abstraído.

- Que te parece todo esto?
- Es increíble Adrien, increíble.

Adrien y yo nos echamos a reír. Lo hicimos en silencio evitando que Salvatore golpeara nuestra puerta en busca de asilo. Que horror. Esa misma noche planeamos huir.
A la mañana siguiente dimos la notícia a Salvatore y sus familiares. Así fué como volvimos a la estación de Siracusa esperando el retorno.

Llegar a una estación y esperar al tren que te llevará de vuelta a casa es una de las mejores sensaciones que he vivido estos últimos meses. En Milano esperaba algo, que aunque estaba ahora en Nápoles, no tardaría nada en llegar. Le quería dar una sorpresa. Saludarle por la ventana, sonreírle y verle sonreír.

Salvatore nos ayudó a subir el equipaje, mientras se lamentaba por dejarnos marchar. Es una pena, es una pena... decía. Llegué a sentirme muy mal, a creerme malvada. ¿por qué irme así si ha hecho de todo por mí? Me dio comida, un lugar donde dormir, experiencia, lugares nuevos... incluso una gramática italiana adquirí de su tia Giulia. Eran tan amables... En fin, la cuestión es que ahí estábamos. Escogimos un compartimento ocupado por un señor mayor. Prometio a Salvatore que nos cuidaría durante las 22 horas de viaje. No es fácil atravesar un país entero sin un hombre que vigile a dos chicas tan bonitas, balbuceó en un italiano con claro acento siciliano. Adrien y yo nos miramos y al mirarlo de nuevo sonreímos de oreja a oreja. Muy amable señor, contestamos. Elejí el asiento que daba a la ventana. Le dije a Adrien que quería tomar unas notas durante el viaje y accedió a que ocupara ese asiento, que ambas considerábamos privilegiado. El otro asiento que daba a la ventana estaba ocupado por Bigotti, así fué como apodamos al señor misterioso del compartimento 23A, segunda clase.
Salimos al pasillo y abrimos la ventanilla. Salvatore y su tío esperaban nuestra partida desde el andén. Tenían un aire deprimente. Salvatore estaba del todo despeinado esa mañana, no recuerdo por qué decidió no peinarse, la cuestión es que así era.
El revisor nos pidió los billetes y sellamos la salida. El tren emitió su último silvido y empezó a moverse muy lentamente. Salvatore se hizo pequeño mientras nos saludaba frenéticamente con la mano. Cuando despareció de nuestra vista y el tren empezaba ya a coger una velocidad aceptable, Adrien y yo nos mirámos y sonreímos satisfechas. Habíamos conseguido lo que queríamos, pero, aunque no le pregunté nada, sabía que ella, en el fondo, también sentía ese sentimiento de cobardía y maldad que invadía mi cuerpo.
Pasé la primera hora anotando en mi moleskine las reglas básicas de la gramática italiana. Motivada por Giulia, había decidido traducir, a mi llegada a Milano, una novela de Haruki Murakami - La fine del mondo e il paese delle meraviglie -, que aún no había estado editada en España. Esperaba que mi padre pudiera leerla y darme su opinión, él adora a Murakami tanto como yo.
No recuerdo si era en Palermo o en otro lugar que, inesperadamente, alguien irrumpió en el vagón. Recuerdo que vi entrar una maleta verde, gastada; una mochila viajera de color azul, muy grande y llena a rebosar; una casita con un patético perrito dentro; una bolsa llena de comida; y, por último, dos jóvenes con aire descuidado entraron en el compartimiento y pidieron permiso para acomodarse.

- Pues yo creo que ya teneis todas vuestras pertenencias aquí dentro, no creo que el permiso sirva de mucho

- Pues es verdad

Contestó una voz grave, que provenía de un cuerpo frágil y pequeño. Me limité a sonreír.
Como cuando se encuentran individuos de semejante edad, sucedió lo que sucedió. Y lo que sucedió cambió algo en mí. Os lo explicaré mas tarde.